El costo del sufrimiento
Por qué los cuidados paliativos son la mejor inversión que no estamos haciendo?
Hay una pregunta que casi nunca se hace en voz alta en los pasillos de un hospital: ¿cuánto nos cuesta, en plata y en sufrimiento, no ofrecer cuidados paliativos a tiempo?
Estamos acostumbrados a pensar los cuidados paliativos como "lo que se
hace cuando ya no hay nada para hacer". Es una idea equivocada, y además
—esto es lo que quiero mostrar hoy— nos está saliendo cara. Una revisión
reciente, hecha bajo el auspicio de la Organización Mundial de la Salud y
publicada en el Journal of Pain and Symptom Management, reunió la evidencia
disponible sobre este tema y llega a una conclusión que a mí, como médico que
trabaja todos los días en esto, no me sorprende pero sí me da argumentos:
invertir en paliativos no es un gasto humanitario que hay que justificar. Es,
además, una decisión económicamente inteligente.
Vamos por partes.
#El abismo del acceso: solo 12 de cada 100 llegan a tiempo
El dato de base es duro. De los 53 millones de adultos que necesitan cuidados
paliativos cada año en el mundo, apenas el 12% los recibe. El resto atraviesa
la etapa más vulnerable de su enfermedad sin el alivio que la medicina ya sabe
cómo dar.
Esto no es solo un problema de países pobres, aunque ahí es más grave. Es
también un problema de prioridades: la Resolución 67.19 de la Asamblea Mundial
de la Salud ya estableció, hace más de una década, que los cuidados paliativos
son una responsabilidad ética de los sistemas de salud. La declaración está. Lo
que falta, en la mayoría de los países, es que esa responsabilidad se traduzca
en presupuesto.
#Cuando "hacer todo" es hacer de más
Una de las cosas que más cuesta explicar —a colegas, a familias, a veces al
propio sistema— es que seguir tratando no siempre es lo mismo que seguir
cuidando.
Hay un concepto que en la literatura se llama tratamiento no beneficioso:
intervenciones que se indican con la mejor intención pero que, dado el estado
de la enfermedad, no van a cambiar el desenlace. Solo prolongan el proceso, y
muchas veces el sufrimiento. Un dato de Irlanda lo pone en números: apenas el
10% de las personas cerca del final de la vida concentra más del 60% de todo el
gasto en salud y servicios sociales de esa etapa.
¿Por qué pasa esto? No es solo un tema clínico. La incertidumbre sobre el
pronóstico, la dificultad para tener conversaciones difíciles a tiempo, la
fragmentación de la atención entre especialistas que no se comunican entre sí,
y —hay que decirlo— los incentivos económicos de sistemas donde se cobra por
procedimiento y no por resultado. Todo eso empuja hacia "hacer más",
incluso cuando hacer más ya no le sirve a nadie.
#La trampa de la pobreza que genera enfermar
Hay otro costo que casi nunca entra en las estadísticas oficiales: el que pagan
las familias.
Un diagnóstico de enfermedad avanzada, si llega tarde o mal acompañado, puede
empujar a un hogar entero a la ruina. Se pierden ingresos porque alguien deja
de trabajar para cuidar. Se gasta en traslados de urgencia que podrían haberse
evitado. Se gasta en tratamientos que no van a funcionar, comprados con la
desesperación de no saber qué más hacer. A esto se lo conoce como toxicidad
financiera, y en algunos países se suma un problema todavía más cruel: el
"robo de propiedades" tras la muerte del jefe o jefa de familia,
cuando nadie se ocupó a tiempo de dejar ordenados los asuntos legales.
Los cuidados paliativos bien armados —con equipo interdisciplinario, con
alguien que piense también en lo legal y lo social, no solo en lo médico—
pueden cortar ese círculo. Un paciente con el dolor controlado necesita menos
supervisión constante. Una familia acompañada a tiempo gasta menos en
desesperación y más en lo que realmente importa.
#El caso de Sudáfrica: cuando cuidar en casa sale más barato que internar
Acá va un ejemplo concreto, con un número que vale la pena mirar con
cuidado.
Un informe del Consejo de Investigación Médica de Sudáfrica, de 2018, calculó
qué pasaría si la mitad de los pacientes internados por necesidades paliativas
fueran atendidos en su casa durante dos semanas en lugar de quedarse en el
hospital. El resultado: un ahorro estimado de 3.300 millones de rands
sudafricanos al año.
Convertido a dólares de hoy, eso ronda entre los 180 y los 194 millones de
dólares anuales, dependiendo del tipo de cambio que se use. Aclaro esto porque
es una conversión aproximada —el informe original es de 2018 y el rand se movió
bastante desde entonces— así que tomen el número como una referencia de
magnitud, no como una cifra exacta.
Lo que a mí me interesa más que el número puntual es el concepto de fondo: cada
cama de hospital que se libera gracias a un buen programa de atención
domiciliaria es una cama disponible para alguien con una enfermedad reversible,
alguien que sí se puede recuperar. No es solo ahorro. Es mejor uso de un
recurso escaso.
#La solución más barata de lo que parece
Acá viene, para mí, el dato que más sirve para discutir con gestores y
financiadores: los cuidados paliativos básicos no son caros.
La Comisión Lancet sobre Cuidados Paliativos calculó que el Paquete Esencial de
Cuidados Paliativos —morfina oral, equipamiento simple, personal entrenado, lo
mínimo indispensable para aliviar el sufrimiento— cuesta apenas 2,16 dólares
per cápita al año en un país de bajos ingresos.
Por paciente, el costo varía según el nivel de desarrollo del sistema de
salud:
- Ruanda (ingresos bajos): 219 dólares por paciente
- Vietnam (ingresos medios-bajos): 119 dólares por paciente
- México (ingresos medios-altos): 796 dólares por paciente
Aun en el caso más caro de los tres, México, esto representa apenas el 0,50%
del gasto total en salud del país. No estamos hablando de una inversión
inalcanzable. Estamos hablando de una fracción mínima del presupuesto, con un
impacto enorme en calidad de vida y, como vimos, también en ahorro.
#Entonces, ¿qué hacemos con esto?
Invertir en cuidados paliativos no debería presentarse como una decisión entre
"lo ético" y "lo económico". La evidencia dice que, en este
caso puntual, ambos caminos van para el mismo lado.
Al final, esta es una pregunta que nos va a tocar a todos, tarde o temprano,
desde el otro lado del mostrador: ¿cómo querés que te cuiden cuando ya no haya
cura posible? ¿Con una tecnología fría que estira la agonía a cualquier costo,
o con un equipo que priorice tu dignidad y la de tu familia?
Los sistemas de salud tienen la evidencia. Lo que falta es la decisión de
usarla.
- Gwyther L, Bates MJ, Tran B, et al. "Economic Benefits of Investment in Palliative Care: An Appraisal of Current Evidence and Call to Action." *Journal of Pain and Symptom Management*, Vol. 71, No. 1, enero 2026. Acceso abierto.
- Daviaud E, Besada D. "Saving Lives, Saving Costs: Investment Case for Community Health Workers in South Africa." South African Medical Research Council, 2018.
- Knaul FM, Farmer PE, Krakauer EL, et al. "Alleviating the Access Abyss in Palliative Care and Pain Relief — An Imperative of Universal Health Coverage: The Lancet Commission Report." *The Lancet*, 2018;391(10128):1391-1454.
- Global Atlas of Palliative Care, 2ª edición, Worldwide Hospice Palliative Care Alliance / OMS, 2020.
- Riley GF, Lubitz JD. "Long-Term Trends in Medicare Payments in the Last Year of Life." *Health Services Research*, 2010;45(2):565-576.
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